Roraima es el Tepuy más alto del macizo Guayanés con 2.800 metros de altura y una extensión de 50 kilómetros de largo por 20 kilómetros de ancho. Su nombre en lengua Pemón significa: "Madre de todas las aguas", es "La casa de la diosa Kuín"y la "Abuela de todos los hombres". Originada en el Precámbico hace 900-3.500 millones de años cuando Sudamérica y áfrica se separaron, dividiendo el macizo montañoso que conformaban los Tepuys, quedando desperdigados por la sabana y la selva.

 

La mayor parte de Roraima está en La Gran Sabana del Estado Bolívar que forma parte del Parque Nacional de Canaima, en el extremo sudeste de Venezuela. Creado el 12 de junio de 1.962, con una superficie de 1 millón de hectáreas, ampliándose a 3 millones en 1.975 se convirtió en uno de los mayores Parques del mundo. El resto del Tepuy se asienta en territorio de Brasil y de Guyana, pero solo se puede subir a él desde la parte venezolana.

Los Tepuys son un paraíso botánico, las especies que allí se encuentran son exclusivas, adaptadas a un medio muy duro con temperaturas extremas: elevadas durante el día y cerca de la congelación por la noche, con fuertes lluvias, viento y poca tierra pobre en nutrientes donde sujetarse. Así podemos encontrar la "Stegalepis Guayanensis" que es una planta comestible que no tiene anclaje permanente, es nómada y se traslada a merced de las inundaciones; la "Drosera Roraima", planta carnívora de color rojo que atrae a los incendios que quedan pegados en sus tentáculos; la "Heliamphora Nutans" que tiene hojas especiales en forma de cáliz de color rojo que recoge el agua de la lluvia y si los insectos se adentran en sus hojas y resbalan, caen al agua, se ahogan y son digeridos por la planta.


En cuanto a la fauna, también es œnica de este medio, insectos endémicos y aves en su mayor'a comedoras de semillas y néctar. Pero hay un animal muy especial en Roraima que es la rana negra, la "Orophynella Quelchii", emparentada con las ranas africanas que sobrevivi
ó a la separaci ó n de los continentes en la cumbre evolucionando de forma aislada. No puede nadar ni saltar, tiene dedos que se oponen lo que le ayuda a agarrarse a la superficie resbaladiza de las rocas, su color negro le ayuda a mantenerse caliente cuando hace fr'o, y cuando se le toca se hace una bola y permanece quieta.


Nuestro viaje comienza en el Pueblo de Paraitepuy, pequeña comunidad indígena de la tribu Pemón del grupo Kamaracoto, desde donde se pueden divisar en el horizonte los Tepuys Matawi y Roraima.
El día empieza temprano, pues debemos recoger el campamento y preparar nuestras mochilas procurando llevar sólo lo necesario, entre lo que no puede faltar: víveres, carpa, sleeping, ropa de abrigo (pues las noches en el Tepuy son frías), botas de Treckking y abundante agua para soportar el fuerte sol que nos acompañará durante todo nuestro viaje. Tras un fuerte desayuno, imprescindible para soportar la dura jornada que nos espera, nos ponemos en marcha.

Nada más comenzar a caminar nos damos cuenta de que hoy el sol será nuestro principal enemigo. Lejos de lo que pueda parecer el camino hasta el Tepuy no es llano, sino que está conformado por multitud de colinas que una tras otra se suceden a lo largo de los 22 kilómetros que separan el punto de partida de nuestro destino.

La senda por la que caminamos, sin ninguna dificultad técnica, pone a prueba nuestras piernas, nuestra capacidad física y nuestra resistencia al calor, ya que caminamos durante horas antes de encontrar nuestra primera sombra.

Al fin llegamos al río Tek, nuestra primera gran parada, donde a pesar de los puripuri (pequeños mosquitos en vías de extinción) podemos disfrutar de un pedazo de sombra donde descansar y reponer fuerzas, así como de un baño en sus frescas y tranquilas aguas.
Tras este descanso nos ponemos otra vez en marcha, y después de 45 minutos, llegamos al cortado por donde con sumo cuidado vamos descendiendo hasta llegar al río Kukenan, río más ancho, profundo y peligroso que el Tek, y que obtiene sus aguas del Tepuy Matawi, del salto Kukenan-Meru.

Con mucho cuidado de no caerse, pues esto hubiera significado mojar la carpa y los sleepings, y ayudándonos unos a otros, procedemos a vadear el río lentamente, para tras unos minutos de tensión llegar sanos y salvos (y secos) a la otra orilla, lugar donde instalan el campamento las expediciones que atacan la cima del Tepuy en 3 días.


Tras saludar a los guías y miembros de las expediciones allí acampadas, seguimos nuestro camino dispuestos a llegar a la cima únicamente en dos días, para lo cual deberemos llegar hasta otro pequeño campamento situado a unas dos horas de allí antes de caer la noche.

Ya estamos al límite de nuestras fuerzas cuando llegamos al punto donde pernoctaremos llamado puesto de guardia: una pequeña explanada con espacio para cuatro o cinco carpas al lado de un pequeño riachuelo para abastecernos de agua, asearnos y refrescarnos un poco.

La noche trascurre placidamente y deja paso a otro radiante día de sol. Al parecer la climatología no parece dispuesta a concedernos ni un momento de tregua.

A primera hora de la tarde, llegamos al campamento base situado al pie de Roraima. Tras cambiar impresiones con otras expediciones y refrescarnos un poco nos ponemos en marcha. Ante nosotros una impresionante y amenazante pared vertical.


Poco a poco la vegetación va transformándose dejando paso la árida sabana a la selva tropical. Conforme avanzamos, se abre ante nuestros ojos una estrecha y empinada senda que nos conducirá hasta la cima.

Tras librar un primer tramo casi vertical, el camino se torna menos exigente aunque a medida que pasan las horas el cansancio acumulado hace que debamos recurrir de vez en cuando a nuestras provisiones de agua y alimento. Como exigiéndonos un último esfuerzo que pruebe que somos dignos de alcanzar la cima, Roraima nos descubre el último tramo de ascensión, el más duro y peligroso de todos, ya que el camino vuelve a empinarse y además el firme se torna húmedo debido a las cascadas de agua que bajan desde su cima..

Por fin, y poco antes de que comience a oscurecer llegamos a la cima de Roraima, lugar donde el tiempo se detiene, y desde donde podemos contemplar el maravilloso espectáculo de La Gran Sabana. Tras unos minutos de ensoñación procedemos a montar nuestras carpas, ya que la noche se nos echa encima, dejando para el día siguiente el disfrute de tan espectaculares vistas.


A la mañana siguiente todos los miembros de la expedición nos aproximamos al borde del Tepuy para disfrutar, al lado de un buen desayuno, de la majestuosidad que se presenta ante nuestros ojos y contemplar con asombro como desde ese minúsculo punto en el horizonte en que se había convertido el pueblo de Paraitepuy hasta donde nos encontramos solo hay dos días de camino. Asimismo recordamos como las primeras expedición lograron subir a Roraima; tal como la del Sir Everard im Thurn y Harry Perkins en 1.884 siendo la primera expedición que conquisto Roraima. Numerosos exploradores lo habían intentado antes, lo cual originó la leyenda de ³El Mundo Perdido², fantasía Victoriana que inspiró a Arthur Conan Doyle a escribir ³El Mundo Perdido² novela de la cual se haría una película posteriormente. Cuando Sir Everard subió a Roraima fue más difícil que en la actualidad ya que tuvo que luchar contra una espesa selva que cubría la sabana actual, la cual fue destruida por un incendio en 1.925 provocado por los indios del lugar.

Con gran satisfacción de ir cumpliendo nuestro itinerario previsto, nos ponemos en marcha hacia el hito conocido como ³Punto Triple², lugar situado a cuatro horas de marcha y que marca la frontera entre Venezuela, Brasil y Guyana..

Durante el camino vamos familiarizándonos con el paisaje del Tepuy, lugar que parece anclado en la prehistoria y que a pesar de parecer llano desde abajo, presenta multitud de irregularidades, debiendo seguir en todo momento los pasos del guía, ya que una mala elección del camino a seguir puede hacer que nos extraviemos, resultando luego muy difícil volver a encontrar la ruta correcta.

Tras soportar una ligera llovizna, que por otra parte agradecemos después de dos días de inclemente sol, llegamos a ³La Fosa², cavidad de profundidad considerable y fondo de agua y columnas naturales procedentes de la erosión continua de entre 2.000 y 3.000 millones de años.


 
Poco más tarde alcanzamos ³Punto Triple², donde tras un pequeño descanso, y las fotos de rigor, nos ponemos en marcha hacia ³El Hotel Coatyn², una pequeña cueva erosionada en las rocas donde acampamos y descansamos hasta el siguiente amanecer.

La noche nos sorprende. La humedad y el frío reinante hace que recibamos ansiosos el cálido sol y que devoremos ávidamente nuestro desayuno caliente.

Al estar listos emprendemos la marcha hacia la Proa de Roraima o zona opuesta a la rampa de subida, lo que significa que vamos a recorrer el Tepuy de una punta a otra. Es esta zona la que ofrece los paisajes más espectaculares, y además, tiene la ventaja de estar libre de turismo, ya que solo los más aventureros se adentran en estas latitudes.

El ánimo de todos es excelente ya que por primera vez podemos deshacernos de nuestras pesadas mochilas puesto que el recorrido de la jornada es circular y volveremos a dormir al mismo sitio. Así pues, basta con una pequeña mochila con las provisiones de agua y comida necesarias para un día.

El camino discurre ahora por una zona erosionada por el curso de uno de los ríos que atraviesan Roraima para precipitarse por la vertiente Guyanes. El paisaje es todavía más salvaje, ya que no encontramos ni rastro de presencia humana. Después de asomarnos en el borde el cual nos ofrece una impresionante vista de la selva de Guyana nos dirigimos hacia el Lago Gladis.

Nuevamente el espectáculo nos deja sin habla. Ante nosotros un lago del que de un momento a otro parece que vayan a aparecer toda clase de monstruos marinos prehistóricos que alimentaban las fantasías de los primeros exploradores que buscaban el ³Mundo Perdido²; siendo este el lugar mas espectacular de Roraima.

El Lago Gladis con sus grandes dimensiones y peculiares forma, es otro ejemplo de lo que la madre naturaleza es capaz de y a su vez nos recuerda lo insignificantes que es el ser humano pero lo destructivo que somos.

Después de deleitarnos con su belleza continuamos conociendo la proa, consiguiendo un helicóptero Brasileño que se había estrellado en la cima del tepuy hace unos años atrás, el cual tenia como misión llevar a tres reporteros Brasileños para que realizasen un reportaje de Roraima pero quedo atrapado entre las fuertes corrientes de la proa ocasionando que se precipitase al suelo del Tepuy y falleciendo sus cuatro tripulantes con el piloto.

Después de ver los lamentables restos del accidente, continuamos nuestra exploración para aproximándonos a otro laberinto y contemplar como la erosión ha conformado un complejo entramado de corredores de piedra pero con la peculiaridad de tener un Hito de Simón Bolívar al otro de sus extremos.

Al final del día volvemos nuevamente al ³Hotel Coatyn², esta vez con tiempo suficiente, ya que nuestro campamento permanecía montado de la noche anterior, para contemplar el anochecer y ver como una hermosa y gigantesca luna se abre paso en el horizonte a través de las escasas nubes que poco a poco desaparecen por completo dejando un cielo totalmente despejado.

Nos levantamos temprano para contemplar el amanecer, el cual nos abruma de igual forma que la salida de la luna. Volvemos a desayunar abundantemente, aunque ya empezamos a estar cansados de la repetitiva dieta que soportamos y nos ponemos nuevamente en marcha para dirigimos al ³Valle de los Cristales², lugar conformado por cristales de cuarzo y que nos ofrece un espectáculo visual como consecuencia de la refracción de la luz al atravesar el cuarzo. Con mucho cuidado de no pisar ninguna roca para que el lugar conserve su magia durante muchos miles de años más, nos sentamos a descansar un poco y por fin nos dirigimos al que será nuestro último campamento en la cima de Roraima, otra pequeña cueva situada cerca de la rampa por la que al día siguiente iniciaremos el descenso.

El día amanece gris y lluvioso, lo cual implica que tendremos que descender del Tepuy con mayor cuidado ya que al hecho de que la bajada es más peligrosa que la subida se suma mayor humedad en las rocas que puede convertir en una peligrosa pista de patinaje hacia el abismo.

Tras un lento descenso y tras algunas caídas, afortunadamente sin gravedad llegamos al campamento situado en la base del Tepuy. Aunque la lluvia sigue acompañándonos, estamos felices y a la vez tristes de abandonar a nuestro ³Amigo de Piedra², Roraima.

Poco a poco vamos atravesando el camino que nos llevó a Roraima, girándonos de vez en cuando a contemplar como la lluvia va cambiando el paisaje y ahora grandes cascadas de agua descienden por las paredes de Matawi y Roraima. Después de toda las jornadas de lluvia sobre nuestros maltrechos cuerpos hacen que comencemos a echar de menos el sol que nos acompañó durante el trayecto de ida.

 
Realizando una etapa tras otra, cruzamos el campamento donde pernoctamos el primer día y llegamos al río Kukenan, dispuestos a atravesarlo pero tras intentar vadearlo, la prudencia nos obliga a desistir debido a que la lluvia ha hecho subir el caudal del río tornándolo peligroso, además la noche comienza a caer sobre la sabana.

Por fin deja de llover, lo cual eleva nuestro ánimo y nos permite montar nuestro campamento con tranquilidad. Con las carpas bien cerradas, para evitar que serpientes cascabel y las temibles arañas ³Viudas Negras² entren en ellas, nos reunimos en torno a una hoguera para calentarnos y reconfortase después de tan dura jornada. El ambiente de camaradería nos inunda y el campamento se convierte en una fiesta donde todos son risas y bromas. Todo parece indicar que la ausencia de lluvias en las últimas horas hará posible que vadeemos el río sin problemas.

El día amanece despejado y tras un reconocimiento del Kukenan vuelve a reinar el optimismo, definitivamente el paso está despejado. Sin embargo todos sabemos que es nuestra ultima etapa del viaje y los ánimos no son de volver a los vehículos y a la civilización.

Con nuestra llegada a Paratepuy recordamos las experiencias vividas en la expedición y nos despedirnos de nuestro guía y del paisaje que nos ha acompañado, con la silueta de los Tepuys emergiendo en el horizonte damos por terminada nuestro viaje, aunque la magia de Roraima ha anidado en nuestro espíritu y nos acompañará para siempre.

Texto: José L. Gómez Cerrada
FPM-01WS
Fotos: Mary Carmen Gómez Cerrada
FPM-04W

La Expedicion La Proa de Roraima fue patrocinada por: