Habiendo aclarado esto, seguimos nuestro viaje hacia el Parque, como seguramente es conocido por ustedes el viaje desde caracas hasta la entrada del parque es de aproximadamente 710 kilometros, lo cual cumplimos sin contratiempos ni demoras, hasta llegar a Ciudad Piar, la cual fue fundada el 9 de febrero de 1952, para dar asentamiento a los trabajadores que se dedicaban a la explotación de hierro en los cerros Bolívar y San Isidro.

En este lugar se ubica una de las más importantes reservas de material ferroso del mundo. La explotación de hierro en minas a cielo abierto, es la principal actividad del lugar. Este material es transportado hasta Matanzas en Puerto Ordaz (Ferrominera Orinoco) a través de un ferrocarril que transporta cientos de toneladas diarias de este mineral.

Al día siguiente de haber acampado en Ciudad Piar, proseguimos nuestro viaje hacia el próximo punto, que no era otro que el pueblo de la Paragua, ultimo punto de encuentro con la civilización, ya que de allí en adelante hasta el caserío de Las candelarias no existen poblaciones ni lugares habitados por el hombre, sabiendo esto decidimos reabastecernos de agua y provisiones para continuar. Desde este lugar el viaje empieza a tornarse aun mas interesante y atractivo desde el punto de vista turístico debido a que estamos solo a un cruce de rió en chalana para pisar barro y arena y darle el uso que se merecen nuestros equipados vehículos 4x4. Debimos esperar aproximadamente 2 horas para el cruce de la chalana hasta el otro lado, esto debido a que la chalana debe estar cargada con seis vehículos para poder hacer el cruce, y nuestra caravana era solo de cuatro, estos otros vehículos eran de mineros y transportistas de mineros que se encargaban de llevar gasolina hasta los puntos de explotación minera de la zona.

Haciendo un poco de paréntesis en este punto debemos mencionar que es una actividad que les respetamos a las personas que la realizan pero que no compartimos desde ningún punto de vista ya que es una actividad que degrada y destruye la ecologia del lugar, de los ríos, del sub-suelo y de la fauna en general.

Prosiguiendo con nuestro viaje hicimos nuestro campamento a 2 horas aproximadamente después de haber partido del pueblo de la Paragua, en las cercanias del rio chiguace, en donde pudimos apreciar un hermoso atardecer.
Al cabo de unos minutos empezamos a notar que el camino se iba tornando mas complicado y por encontrarnos en época de invierno (lluviosa) aumentaba el grado de complejidad, pocas horas después el camino se iba cerrando a nuestro paso, la vegetación se hacia mas notoria y el camino mas estrecho, al punto que solo se veía la trilla por donde debía pasar el vehiculo y todo lo demás eran arbustos y matorrales, que en algunas ocasiones debíamos apartar para poder continuar.
Desde el pueblo de la Paragua hasta el campamento de Negro Lindo que era nuestra próxima parada hay aproximadamente 36 Km. Dicha distancia nos llevo 2 dias completarla por lo complejo y difícil del camino. En algunas oportunidades nos encontrábamos con mineros que venían en sentido contrario a nosotros en la trilla y debíamos entre los dos grupos buscar el mejor sitio para que cualquiera de los dos, al que se le fuera mas fácil, remontar la trilla para poder darle paso al otro, estos nos sucedió en dos oportunidades y en una de ellas tuvimos que retroceder casi 1 Km.

En ningún momento perdimos nuestra voluntad ni nuestras ansias de conocer nuevos parajes y paisajes los cuales se iban haciendo más frecuentes a medida que nos adentrábamos más en la selva. Al llegar al campamento de Negro Lindo (Luis es un Indio Arekuna el cual a hecho de su hogar un pequeño campamento para que sea utilizado por todas las personas que deseen descansar o dormir en medio de la selva.) a eso de las 9 de la noche, estábamos todos empapados y embarrados de pies a cabeza con ganas de comer algo y descansar un poco. En la noche se escuchaban sonidos de animales nocturnos los cuales por encontrarnos en un lugar tan aislado se hacían más notorios y tenebrosos.
Al día siguiente emprendimos nuestro viaje no sin antes hacer las revisiones y arreglos menores a nuestros vehículos los cuales habían pasado por un duro trato. Sin embargo este trato por parte del camino hacia nosotros y nuestros vehículos estaba lejos de acabarse, nos encontrábamos a 44 Km. aproximadamente del campamento las Candelarias, que era nuestra próxima parada. El camino en ningún momento se hizo mas amigable sino todo lo contrario, tuvimos que sortear ríos, quebradas, subidas, bajadas, lluvia, huecos, lagunas así como cualquier otro obstáculo que nos impusiera la impredecible y grandiosa madre naturaleza que nos ofrecia loros, guacamayos, tucanes, monos, culebras, escorpiones, arañas, insectos, tortugas y otras especies más, que son muy comunes en la zona, y estuvieron siempre acompañándonos, pero la más notoria fue el llamado tigre o jaguar (Felis Once) que por las noches sus intimidantes rugidos nos indicaban su cercanía y que por la mañana sus inmensas huellas delataban su presencia alrededor de nuestros vehículos; lamentablemente este hermosos felino se encuentra en peligro de extinción junto con el cunaguaro manigordo (Felis Pardalis) y se encuentra en la lista del libro rojo publicado por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y los Recursos Nacionales (UICN).

Luego de otras 8 horas duras de camino, el paisaje empezó a cambiar ya no era tan boscoso y tupido como el anterior sino mas bien despejado y con el imponente Auyan-Tepuy mientras que recorriamos las muchas lomas. Los caminos se bifurcaban y a veces debíamos detenernos para analizar cual era el camino mas apropiado aunque al final todos llegaban al mismo sitio. Así nos tomo el resto del día hasta llegar en la noche al campamento las Candelarias, sitio hasta el cual nos podían acompañar los vehículos, ya que de allí en adelante el viaje debía seguirse caminando y para los cruces de río en curiaras.
Después de un merecido descanso, emprendimos nuevamente la aventura pero en este caso a pie hasta llegar al cruce de un pequeño rio, afluente del Caroní a unos 2 Km. donde nos esperaba una curiara para pasarnos al otro lado. Al llegar al otro lado nuestra caminata se reanuda prolongandose así por unas dos horas, atravesando selva tupida en algunos casos y campos abiertos en otros, por supuesto con altitudes variables típicas de la zona. Al acercarnos al campamento Canaima nuestra vista se iba magnificando y nuestro horizonte se iba haciendo más amplio y hermoso ya que a medida que nos acercábamos teníamos mejor visión de algunos saltos y ese incomparable olor a vegetación húmeda característico del lugar. Estando ya en el campamento Canaima, nos dispusimos a acampar para descansar un poco.

Al día siguiente unos nativos (indígenas Arekuna) contactaron los chalaneros, los cuales nos harían el traslado desde el campamento Canaima, hasta el campamento Base, al pie del imponente Auyantepuy.

A medida que íbamos avanzando hacia el Salto Angel, bien en curiaras o en los trayectos a pie, se iba abriendo ante nosotros la vista de; a mi entender el Tepuy más imponente y espectacular de todos, el Auyantepuy, el cual ha creado cantidad de comentarios mágicos y fantasiosos, en donde se unen la verdad palpable y la verdad supuesta, del cual escuchan historias en todas partes del mundo, donde una supuesta verdad habla de la existencia de una Tribu Caníbal, que acecha a los visitantes que osen venir al Tepuy. Sin embargo el haber escuchado estas impresionantes historias nos despertó aun más nuestro deseo de exploración.

Texto: Luis Carlos Flores Perez
FPM-06W
Fotos: José L. G—mez Cerrada
FPM-01WS

La Expedicion Ruta al Parecupá-Merú fue patrocinada por: