Es el año de 1996, en esta ocasión el grupo expedicionario se propone realizar la ruta hacia las minas de Icabarú, ubicado en las cercanias del parque nacional Canaima.Todo comenzó en la ciudad de Caracas, capital de Venezuela, ciudad de 7 millones de habitantes aproximadamente.
Día # 1: La salida se realizó a las 8:00 de la mañana para tomar la vía hacia Upata.
Día # 2: Después de la larga jornada de conducción del primer día, las 6:00 AM sería la hora de salida. Ya que debíamos terminar de recorrer los kilómetros (aprox 800) faltantes para llegar al parque nacional de Canaima. En el transcurso del día se realizaron pequeñas paradas. Una de ellas fue en el pueblo minero del Dorado y otra en el monumento natural de la Piedra de la Virgen, ubicada entre densos y nublados bosques a unos 1500 mts al oeste del cerro el Venado, atravesando el tramo conocido como la "escalera".
Una vez que arribamos a Canaima, nos dirigimos hacia la Gran Sabana, en concreto a Santa Elena de Guairen lugar en donde se nos dificulta el reabastecimiento de combustible, ya que lo estaban racionando. Esto nos trajo como consecuencia hacer una cola de tres horas y media hasta que llegase nuestro turno.
Día # 3: Después de pasar la noche en una churuata (Galpón construido con técnicas indias, es decir hojas de palma madera y barro) que nos ofreció el ejército venezolano, la lluvia fue nuestro acompañante para el desayuno y para las dos primeras horas de camino.
La zona de barro hizo aparición, sirviendo de trampa para los vehículos 4x4 y el uso de las cinchas (eslingas) y grilletes fueron las herramientas que nos sirvieron para seguir adelante. El entusiasmo de los expedicionarios aumenta conforme se torna más dificultoso el camino; 100 Km de barro, trial y piedras fue lo necesario para arribar al pueblo de "El Pauji"; habitado principalmente por emigrantes y donde el uso del caballo como medio de transporte es el más apropiado. Una vez conocido el pueblo y su gente, seguimos nuestro camino a Icabarú. La ruta continuaría siendo de tierra, irregular con zonas de rocas y barro.
La noche se acercaba y era la hora de montar el campamento. El tobogán fue el lugar que se eligió, formación de rocas en uno de los ríos de la región. Su agua fría, no nos detuvo para refrescarnos con un baño y sobre todo para deslizarnos por las rocas hasta caer en un pozo al final de la bajada. Una vez de agotar los pocas energías que teníamos, la cena nos esperaba para luego pasar una larga y silenciosa noche.
Día # 4: El calor de las tiendas de campaña producido por el radiante sol, nos despertó.
Harry es el nombre de un norteamericano que conocimos ese día. Él se dedica al turismo en esa región, ya que lleva 25 años viviendo en la Gran Sabana, lo cual le ha permitido conocer bien la región. Su hogar nos sirvió para dejar dos de los tres vehículos 4x4, así ocho expedicionarios emprendimos la ruta a casa de un amigo de Harry, en donde se dejaría el tercer vehículo y comenzaríamos una caminata de 2 horas hacia el "Abismo" llegando a dicho lugar en la noche; donde tomábamos como refugio, la casa deshabitada de una familia francesa.
Día # 5: El amanecer nos sorprendió con una densa niebla, salimos a explorar los alrededores del lugar donde acampamos pero cuando se disperso la niebla nos quedamos atónitos ya que teníamos a nuestros pies el borde de un precipicio con una caída de 300 mts.
Una vez almorzado y terminado de ver el río, pozos y animales de la zona, levantamos el campamento para dirigirnos a los vehículos en casa de Harry y continuar el camino.
Día # 6: Salimos de casa de Harry para recorrer los pocos kilómetros que faltaban hasta Icabarú. Las trampas de barro se hicieron muy frecuentes en el camino, ya que existía mucha circulación de los mineros y perjudicaban la ruta.
El uso del winche (cabrestante) y de las cinchas (eslingas) nos permitió la llegada a Icabarú, la cual no fue agradable. Nuestro primer impacto fue la destrucción de los bosques tropicales ocasionada por la búsqueda de oro, utilizando el mercurio para separar el oro de la tierra y una vez usado, éste es arrojado a los ríos y los suelos de la zona. La tala de los árboles y el uso de mangueras con agua a presión terminan con la oportunidad de regenerarse las selvas, ya que por donde pasa un minero, conocidos como Garimpeiros, NO crece nada.
Debido al desalentador trabajo y la peligrosidad del pueblo, decidimos emprender el regreso y no pasar más de una pocas horas en Icabarú.
El rostro de nuestras caras representaba la gran decepción de la destrucción que se esta realizando en todo el territorio Amazónico, sin importarles a la gente que son los pulmones del planeta y que nos proporciona el 75% del oxígeno sin hablar de las especies que están extinguiendo tanto animal como vegetal.
Terminamos el trayecto de ese día en Sta. Elena de Guairen a mitad de la noche.
Día # 7: Sta. Elena de Guairen, es la mayor población de la región haciendo frontera con Brasil y fue fundada en 1931 por los monjes capuchinos, este pueblo nos sirvió para reabastecer combustible para luego adentrarnos en Brasil.
El "Pozo du Macacu" es el lugar que buscábamos para tener un buen almuerzo y disfrutar del río. Una vez recuperada las fuerzas retornamos a Venezuela y luego a Kanavayen. Esta ruta nos sorprendió ya que se encontraba en peor estado de lo que esperábamos. Los pasos de barro eran cada vez mas seguidos junto con los pequeños e inestables puentes.
La noche ya había caído para cuando alcanzamos una de las sorpresas del camino. Un camión de carga, ford 750, se encontraba en medio de la vía atascado en la trampa de barro, su carga estaba por todo el suelo debido a lo inclinado que se encontraba. El winche (cabrestante) fue la estrella principal, para desatascarlo y proporcionamos así el paso. El primer enganche se hizo en el chasis del camión al no haber ángulo para el único árbol que había y una vez avanzado, se enganchó al árbol y poder terminar de pasar.
Una media hora fue lo que tuvimos de manejo tranquilo, ya que la niebla y la lluvia enseguida nos complicaron la ruta. El recorrido que contaba de 24 Km, nos costo 3 horas en realizarlo debido a los diversos atascos en el barro y la mala visualización del camino.
Día # 8: El amanecer a orillas del río Karuai fue deslumbrante, ya que el tepuy a su fondo con la niebla sobre la selva era realmente digno de admirar.
El paso del río se nos hizo imposible debido a su gran caudal y a su desbordamiento de 15 mts en ambas orillas, en consecuencia nuestra estadía se prolongo un día más para así poder disfrutar del paisaje y descansar.
| Texto y Fotos José L. Gómez Cerrada FPM-01WS |
Explorando los Rincones del Planeta.
Expedicones Parecupá-Merú®
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